domingo, 20 de enero de 2013

La estrella natalicia


Quinto Rufo a su maestro salud:
 
Estaba retrasando escribirle por unas cosas y por otras, y en parte por el sopor mortecino que este clima gris me infunde. He hecho algo de amistad con una de las chicas que atienden la Taylorian. Estudia español, ha vivido en España, y es muy aficionada a la poesía. Ayer me introdujo en una de las salas interiores, donde tiene una mesa para ella, vuelta hacia la ventana para apurar al máximo la claridad. 


Le están asignados varios estantes junto a la mesa, para los libros que va catalogando, los tejuelos, fichas, catálogos antiguos, etc. Pero entre unas cosas y otras descubrí un par de libros de poesía española, y de hoy mismo, de ese poeta granadino del que alguna vez usted mismo nos habló. Los estaba leyendo ella. Empezamos a tratar sobre el autor, pero apenas tuvimos tiempo de nada. Ella tenía que volver al mostrador, y a la salida yo me marchaba con prisa. Quedamos en hablar más despacio otro día en el pub. Pero me dejó uno de los libros. 


A esta hora sigo con la emoción de la lectura. Me atrevo a mandarle aquí uno de los poemas que más me ha impresionado. Me acordaba de lo que en clase tratamos sobre la estrella natalicia, a la que decía Platón que volveríamos tras la vida.


A UNA ESTRELLA


Ahora pienso al mirarte

—mientras corren las nubes que un momento
te tapan— que aquí siempre has estado,
gota de plata virgen,
aunque no hubiese nadie para verte.
Mil años no son nada para el que al fin te encuentra
y una vida es muy poco por lograrte.
En el viento en que giran como libres cometas
—deshecho ya su hilo— los muertos que he querido,
tú me acallas el vértigo
al notar esa mano que en la frente me tira.
Tómame cuando quieras, rocío de Dios rodando
en medio de la noche.
En un hilo de plata gira tú esta cometa.



José Julio Cabanillas, Los que devuelve el mar, Valencia: Pre-Textos, 2005, p. 23.

Espero que le guste mi envío. Añoro ahora aquí aquellas noches con el cielo abierto en las que mi padre y yo mirábamos las estrellas desde la azotea. Aquí se ven algunas entre las nubes, nada más. Es tarde, me despido. No deje de cuidarse.

Oxford, 20 de enero de 2013

2 comentarios:

Inmaculada Moreno H. dijo...

Ay, el señor Cabanillas, qué buen poeta. Gracias por traerlo aquí

Eduardo del Pino González dijo...

Lo traeré más veces, porque debo contarle a Cornelia que yo lo conocí, y los pequeños recuerdos que tengo de él.

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