lunes, 7 de enero de 2013

Carta de condolencia
















Querido Lucilio:

Estaba por escribirte sobre los regalos del día de ayer, cuando una noticia ha cambiado mucho las sensaciones de estos días: el fallecimiento, en la madrugada de Reyes, de don José Benavente Campos. Guardo de él la imagen de un hombre a carta cabal. Recuerdo cómo me hablaba de su infancia y de la temprana pérdida de sus padres. Fue un estudiante excepcional. Hizo la carrera de Medicina en la Universidad Central de Madrid. Paseaba con su tío por la calle Alcalá justo al acabar la carrera, cuando la conicidencia de un amigo le llevó a preparar las oposiciones para el cuerpo médico de la Armada. Una vez ganadas en el primer concurso, fue destinado a La Carraca, en San Fernando, donde conoció a la joven maestra que sería su mujer.

Muchas personas recuerdan en esa localidad el trato de este médico ejemplar, generoso siempre. Tuvo entre sus amigos a la familia del escritor Luis Berenguer (que le dedicó El mundo de Juan Lobón), siendo el mismo don José un gran aficionado a la lectura y al mundo del libro. En su casa albergaba colecciones interesantísimas y una nutrida biblioteca. No pocas veces repasé con él todo aquel cúmulo de experiencias. Tenía en su piso una terraza acristalada, amplia, llena de plantas, a la que solía llamar su jardín, donde tuvimos nuestras mejores conversaciones. Algunas veces disfrutamos también del amplio aire de Pinaguay, su refugio veraniego. Don José ha muerto con cien años. Cuando yo llegaba a la finca, en sus noventa y tantos, lo veía aún barriendo la pinocha que cubría poco a poco el césped.

Tú, Lucilio, habrás conocido como yo a muchos cristianos, seguidores de esa nueva religión oriental. Este era de los más ejemplares que yo he conocido. Era sobrio sin ser tacaño, fuerte y a la vez tierno, exigente y a la vez comprensivo. Era como un faro al que miraban sus hijos, nietos y bisnietos, queridísimo para todos. Y una cosa siempre me llamó la atención en él: viudo ya en sus últimos años, mantenía un vivísimo amor a su mujer, que no tuvo recato en desbordar conmigo.

Con don José se me ha ido una porción considerable de buenos momentos. Espero guardarlos como recuerdos valiosos. Vaya con esta carta mi homenaje para él y mi consuelo para su familia.


1 comentario:

Peter Dunphy dijo...

Pues cada arbol se ve por su frutos. Mi amigo Pepe su hijo es muy buena persona y esto dice mucho a favor de sus padres, un abrazo,
Peter

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