viernes, 1 de julio de 2016

Catedral de León


Querida Paulina:

Este ritornello de los congresos es una sucesión de dobleces en el tiempo difícil de asimilar. Ver a un mismo grupo de gente cada tantos años (y ya casi durante media vida) es algo estremecedor de lo que sólo he podido recuperarme al entrar en la Catedral, al zambullirme dejándome caer en peso hacia ese zenit giratorio, mareante y cálido, en un salto de umbral hacia la casa propia, un espacio que dura siglos.


No he perdido la sensación del abrazo gracias a la actuación del Coro de la Capilla Clásica de León. Sé que a ti te hubiera gustado.




La precisión de las voces mantenía el aire cálido, la luminaria interior, el diapasón exacto que puede unir tiempos y lugares en la casa propia, en el abrazo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ciertamente, una belleza que sobrecoge es esta imagen de las vidrieras, e imaginarse uno el coro sonando a la par me ha parecido un fabuloso caleidoscopio que jugará a la vez con armonías de voces y de luces.

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