domingo, 8 de mayo de 2016

Madrid sin Fontán






Querido Lucilio:


Madrid es el recuerdo de viajes infantiles con vacaciones en la Sierra de Guadarrama. El niño hacía contrapicado desde el coche hacia los tejados de pizarra elevándose al cielo, y una brisa fría y seca parecía salir de las piedras graníticas. Y luego vinieron los viajes posteriores, ya mayor, marcados por la Biblioteca Nacional y otros archivos, y trasverados de museos y de paseos arbolados. 

El último viaje con Paulina nos ha permitido compartir nuestros madrides, el del sabor íntimo de cada pintura y de cada libro, el olor de los archivos en la calle del León, el asombro de cada arquitectura, la noche con el cine como arte, como pintura, como libro, como diseño... y El Escorial, El Escorial con un soplo de encinares descendiendo desde el Abantos.

Pero, como dijo Luis Alberto de Cuenca, me da nostalgia Madrid sin Fontán. La lectura del libro de Miguel Ángel Gozalo y mi última conversación con don José Manuel Cuenca me han hecho reflexionar largamente sobre él y sobre asuntos relacionados, también sobre estas cartas que te escribo.

Hace tiempo acudí con el profesor José María Maestre a un homenaje en honor de Fontán en la Universidad de Navarra y nos mostraron un documental en el que personas como Carmen Castillo, tan distinguida como él lo fue, aportaban su recuerdo. Para mí desde luego don Antonio fue "un consejero constante, fiable, profundo y cordial". He pensado cada adjetivo antes de aceptarlo en la carta. Todo maestro vital tiene algo de padre y un padre nunca aparta a un hijo.

Pienso que me acercaron a él, desde que me conoció en mis veintitantos, tres coincidencias: el origen sevillano, los estudios clásicos y la pertenencia al Opus Dei, del que yo era entonces un joven numerario. Luego, con el paso del tiempo, la leucemia por la que tuve que pasar también me puso más cerca de él, que siempre guardó querencia a Garrigues, su estrecho colaborador.

Admiré en don Antonio su grandeza de ánimo. En él aprendí que la vida no es una carrera explosiva de velocidad, sino más bien una larga carrera de muchas velocidades. En algunos momentos uno se empeña en una cátedra (como aquella que ganó García Calvo) o en un proyecto autonómico (como el que ganó Martín Villa, que a mi parecer se ha mostrado luego tan nefasto); pero si después de poner todos los medios las cosas no salen como uno espera, la foto fija de un sprint es solo una minucia. A ese Don Antonio, ya señor de victorias y derrotas, es al que yo conocí más de cerca.

Era de verdad un demócrata y un liberal. Pensaba sobre todo en convencer. Y si llegaba a mandar (hasta donde yo supe), procuraba hacerlo para todos, también para aquellos a quienes no había convencido.

Hay un adjetivo inglés que le cuadraba a la perfección: open-minded, en lo que se diferenció de muchos de sus mismas ideas políticas o religiosas. Don Antonio tenía una intrínseca mirada positiva. Orientó a cientos de personas que se le acercaron: luego unos recorrieron un camino y otros otro (he conocido extremos por ambos lados), pero él siempre supo acompañar a todos y sacar lo mejor de cada uno, también del hijo más extravagante o del que erró un paso. Creo que Ana Moure Casas, con su mirada especial, es quien mejor ha sabido explicar esas actitudes desde las profundas virtudes de su maestro, que por ser verdaderamente cristianas eran también auténticamente humanas y cívicas.

No se me escapa, Lucilio, que en este retrato resulta un tanto caramelizado porque faltan los defectos y equivocaciones. Pero ante todo me gustaría que recordaras una de nuestras primeras cartas. Te hablaba yo entonces de la figura del maestro. Lo que está claro es que la vida es una carrera larga, tanto que en realidad es una carrera de relevos. Por eso te recomiendo generosidad. A algunas cosas se alcanza solo si se sabe pasar el testigo.

Ahora salgo de Madrid y nuestro coche aleja más y más las cosmopolitas avenidas, los enormes edificios, los trenes detenidos ante Atocha y las autovías sin descanso. A mi lado Paulina lee en inglés un ensayo poco difundido de Eliot.

3 comentarios:

Inmaculada Moreno H. dijo...

"La vida es una carrera larga, tanto que en realidad es una carrera de relevos. Te recomiendo generosidad. A algunas cosas se alcanza solo si se sabe pasar el testigo"
Sólo por este párrafo merecería la entrada estar en una antología.

Eduardo del Pino González dijo...

Gracias

Eduardo del Pino González dijo...

Gracias

Se ha producido un error en este gadget.