viernes, 6 de febrero de 2015

El 3+2 vuelve



Querido Lucilio:

Respondo a tu carta en la que me manifiestas tu inquietud por la entrada en nuestro sistema universitario de las titulaciones llamadas 3+2. No te intranquilices ni te dejes llevar por vientos perniciosos. Mantente en donde siempre, que hay cosas en la vida que nunca cambian, incluso en la educación. 

Dicen que conforme pasa el tiempo los hombres vivimos más de recuerdos. Es posible. Yo inevitablemente he pensado en mi antigua carrera de cinco años (tres de estudios comunes y dos de especialización). En realidad, quizás la única diferencia "de calado" (como se dice ahora) con el 3+2 es que entonces los dos años de especialización estaban tan financiados por el erario público como los tres previos, mientras que ahora pasarán a recaer directamente sobre el bolsillo del contribuyente. Aparte de que parece que lo que antes se tardaba cinco años en aprender para licenciarse como profesor puede ahora hacerse en tres sin inconveniente: será que antiguamente se estudiaban cosas inútiles o la gente era más lenta y estudiaba menos. Por lo que yo recuerdo de entonces la formación en general de los licenciados era "excelente" (otra palabra de mucho calado).

En aquellos tiempos antiguos (¡qué retrógrado me estoy poniendo!) los jóvenes estaban escolarizados hasta los 14. Quizás ampliar esto hasta los 16 fue un adelanto, pero el hecho es que ha derivado a la vez en una bajada de nivel de la Secundaria y en un Bachillerato de dos escasos años (más escasos que años) que no tiene ni comparación con lo que estudiaron tus mismos abuelos.

En el futuro, aunque los nuevos créditos de los gráditos habiliten legalmente para el mundo laboral, la escasez de conocimientos y la competitividad del mercado llevará a que todo el mundo intente especializarse, en la medida en que pueda su economía. España en estos años de crisis se parece a una familia que siguiese gastando mucho en banquetes y viajes (banqueríos y politicosos) y cada vez menos en la educación de sus hijos.

¿Has oído tú alguna vez, Lucilio, eso que dice "cualquier tiempo pasado fue mejor"? Pues siento resultarte tan conservador en esto, pero tengo que reconocer que en materia educativa siempre me veo bastante nostálgico: casi todos mis recuerdos son de algo mejor.

Ya siendo yo profesional presencié la explosión de titulaciones y la pérdida de los años comunes. Ya un anglicista, por ejemplo, no tenía casi que estudiar latín. Y un clasicista, otro ejemplo, no tenía que estudiar nada de historia. En cambio hubo otra explosión de optativas de libre elección que podían escogerse incluso en otras carreras. Es triste, pero la carrera fue la que se formó por localizar las asignaturas más fáciles de cada facultad.

Después vino Bolonia para hacernos convalidables con el resto de Europa. Sin embargo, en vez de converger entonces con el 3+2 aquí se implantó ese peculiar 4+1. Y un trasiego de papeles que garantizan la "calidad" (como si no hubiese existido nunca antes). Aclara mucho del por qué de todo esto Pello Salaburu en su artículo "¿Por qué no ha funcionado Bolonia?".
Las reformas y los parches parciales sobre cada una de ellas y la aplicación diversa en cada comunidad y los debates y las protestas y las propuestas y las protestas por haber lo propopuesto son a gota doras. Ahora el Ministerio anuncia que el 3+2 vuelve. Yo creo, mi Lucilio, que a pesar de las moratorias (y aunque otro partido ganase las próximas elecciones generales), acabaremos en eso por motivos económicos. Y la educación seguirá adelante. Es en esto último en lo que quiero insistirte.

Me parece estar oliendo ahora el sabor aquel de madera del entarimado y las bancadas semicirculares del Aula Magna de mi antigua Universidad. Se celebraba una asamblea estudiantil de la Facultad para decidir si nos uníamos a una manifestación contra unos "nuevos" planes de estudios. Después de las acaloradas discusiones se votó la propuesta y el resultado fue que no queríamos unirnos. En ese momento un compañero entró en la clase y proclamó a voz en grito que la manifestación de otras facultades estaba en la puerta de la nuestra esperándonos para continuar su marcha. Se produjo el griterío y el caos. La asambela finalizó en una borrascosa marea de personas que intentaban dirigirse a sitios diferentes y un buen número de sus integrantes (quizás una mayoría) salió agolpado dando gritos para unirse a la manifestación. Al día siguiente el resultado era que nuestra Facultad había apoyado la protesta. Se aprobaron los planes de estudio. La vida siguió. Y hasta ahora.

Conozco gente que al salir de la asamblea fue directamente a aquellas bibliotecas llenas de silencio. Esto quiero decirte, mi Lucilio. Hagas lo que hagas y sea como sea, que sea después de las horas previstas en tu biblioteca. Ese es, como ha sido siempre, el futuro de la educación. Este es mi consejo mientras me arrepiento de lo largo de mi carta y sigo con los papeles de mi despacho: me he hecho el propósito de que cuando vuelva el 3+2 me encuentre estudiando.

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