sábado, 3 de enero de 2015

Año Nuevo


Querido Lucilio:

El camino desde Sierra Morena a la costa es lógicamente un descenso moderado pero continuo. Si el viaje se hace a la tarde, el sol va acariciando en su caída a los campos con una delicadeza de tonos que parece infinita. El sonido sin interrupciones del motor, la atención a la carretera con sus curvas y repechos, el flujo ininterrumpido de conductores en la misma dirección, cada uno con su rumbo, te introduce con facilidad en la meditación, en el recuerdo: algo muy propio de este torna-tiempo que es la Nochevieja y el Año Nuevo. Remataba yo mientras llegaba en la importancia de vivir el presente (que es lo único real: por eso en un dios verdadero no debería haber pasado ni futuro); la importancia, digo, de no tener el pensamiento en lo que fue ni en lo que será presente, sino en aquello que lo es ahora mismo.

Pero sin embargo al regresar de mi viaje he leído el mensaje de fin de año del Pontífice de los cristianos de Roma. La experiencia me ha demostrado que muchos de estos textos están muy bien calibrados y son fruto de profundas reflexiones. En el de este año me he encontrado con el siguiente pasaje que me gustaría que incluyeras en nuestro escritorio:

Hay siempre en nuestro camino existencial una tendencia a resistirnos a la liberación; tenemos miedo de la libertad y, paradójicamente, preferimos más o menos inconscientemente la esclavitud. La libertad nos asusta porque nos pone ante el tiempo y ante nuestra responsabilidad de vivirlo bien. La esclavitud, en cambio, reduce el tiempo a un "momento" y así nos sentimos más seguros, es decir, nos hace vivir momentos desligados de su pasado y de nuestro futuro. En otras palabras, la esclavitud nos impide vivir plena y realmente el presente, porque lo vacía del pasado y lo cierra ante el futuro, frente a la eternidad. La esclavitud nos hace creer que no podemos soñar, volar, esperar.

Está claro que hay que vivir el presente pero con buen tino, no como "momentos desligados de su pasado y de nuestro futuro". Ciertamente nuestro pasado nos ha hecho y requiere ser tenido en cuenta. En mi vida he conocido personas (yo mismo, quizás todos en alguna ocasión) que han pretendido vivir el presente con tanta intensidad, exprimiéndolo tanto, que lo desgajan de su pasado y no lo proyectan a ningún futuro. Esto, mi Lucilio, ciertamente es una forma de esclavitud. Para esclavizar a un hombre hay que engañarlo: ofrecerle toda la felicidad en el momento presente. Suerte que algún dios pueda liberarnos, alguno que asuma nuestra itinerancia en su eterno presente.

Cuenta mucho, como ves, el buen tino en vivir el presente. Esta liberación es lo que yo deseo para ti, para mí, para los nuestros, en este torna-tiempo de tarde y de viaje.

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