domingo, 21 de diciembre de 2014

Días de regalos


Querido Lucilio:

Recuerdo ahora uno de mis años infantiles en el que los Reyes Magos tuvieron la osadía de dejarme todos los regalos encima de mi propia cama. Cuando desperté y me vi rodeado de aquellas cosas, qué perfecta alegría, la de sentirse tan querido, tan gratuitamente. ¡Que los Reyes hubieran estado tan cerca! 

Las Navidades me cogen también con el recuerdo de aquellas strenae que me enviaba don Antonio Fontán. Los regalos de los antiguos romanos. Durante años no he sabido yo, o no he podido, saborear el regusto del regalo (que no se sabe si es más para el que lo recibe o para el que lo hace): eso que te llega sin haberlo tú pensado, el auténtico estreno.

Acabo de recogerme de las brumas invernales con el último regalo que me han hecho. Ha sido mi profesora de italiano. Por la fecha de Santa Lucía nos hace un regalo a sus alumnos. A mí me ha tocado una pequeña scelta de Séneca, fíjate, sobre el paso del tiempo. Son fragmentos sobre todo del De brevitate vitae, pero también de las Epístolas a Lucilio. Me ha estremecido la coincidencia y la relectura de estas cartas. Al final he seleccionado para el escritorio el siguiente fragmento:

Properemus: ita demum vita beneficium erit; alioquin mora est, et quidem turpis inter foeda versantibus. Id agamus, ut nostrum omne tempus sit: non erit autem nisi prius nos nostri ese coeperimus. Epist. 71, 37.

Impegnamoci; solo in questo modo la vita sarà un bene; altrimenti è solo un inerte attardarsi, e vergognoso anche, se ci si attarda tra infamie e ignobili intenti. Cerchiamo dunque che ogni momento ci appartenga: ma non sarà possibile, se, prima, non cominceremo noi ad appartenere a noi stessi.

Apresurémonos, mi Lucilio, en hacer de nuestra vida beneficio. Así todo nuestro tiempo será nuestro. Y nunca lo será si no lo somos nosotros mismos.

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