viernes, 4 de julio de 2014

Menos la luna y yo



Querido Lucilio:

Estuve no hace mucho en Arcos de la Frontera, enseñando a un profesor extranjero ese prodigio de población. Pues fíjate, cuando nos volvíamos, apresurados por las calles estrechas, en una de ellas me vi venir de frente a alguien conocido, y con la misma o más prisa. Sí, era Jesús Cotta. No podía equivocarme, sí, era él. Lo abordé de golpe y se llevó una buena sorpresa. No pudimos hablar mucho por las prisas de ambos, pero antes de despedirnos metió mano en bolsillo y me dio su libro Menos la luna y yo (Sevilla: La Isla de Siltolá, 2013).

La lectura del libro me ha gustado mucho y me ha traído tantísimos recuerdos. Es de estas casualidades que tiene la vida, que no se sabe si son casualidades. En realidad conocí a Jesús Cotta en la juventud de ambos, cuando estudiábamos Filología Clásica en aquella antigua fábrica. Luego las circunstancias vitales nos separaron durante años. Qué gran suerte ha sido este encuentro y qué magnífico regalo. No sé qué me alegra más, si ver el logro del poemario, si la madurez de la vida del antiguo amigo.

Creo que se nota su formación en la manera en que ha construido el libro, con unos apartados nítidamente separados bajo los títulos de Niños, Hombres, Logos, Elementos, Eros y Dios. Ciertamente es una cosmovisión la que nos ofrece, la cosmovisión con la que el propio poeta contempla todo personalísimamente. La división es principalmente temática: la infancia; el mundo de los hombres ya hechos; la reflexión filosófica (sobre todo recreando a los antiguos griegos); el mundo de la "fisis" frente al "logos"; y luego el amor en el mundo de los hombres; y finalmente el amor sobre todo lo anterior, un Dios tan deseado (entre dificultades y dolores), tan deseante del hombre.

En el capítulo Niños está la infancia del poeta, pero también otras infancias y otros niños (sus niñas). De los recuerdos de infancia me quedo con "El caserón de los Manjones":

Allí estarás aún, tras los ribazos
oculto, me figuro, solariego
y buen gigante amigo del espliego,
con el horno del pan en tu regazo.(...)

Los poemas sobre filósofos helenos (Pitágoras, Demócrito, Protágoras, Epicuro) retratan al profesor de griego y a la vez poeta. Así en Anaximandro:

No hay más sentido que este sinsentido:
ciega necesidad del universo
empeñado en no ser más que universo.
No somos en el ser sino un descuido. (...)

Pero no son mis favoritos. Prefiero los grandes poemas de Hombres ("Autorretrato", "Lo que quiero", "Cuando corro", "La otra vida") y de Eros ("Amior y fecundidad", "Tus pechos"). "Lo que quiero" es una suerte de "beatus ille":

Yo lo que quiero es irme al campo, donde
la lluvia huele aún a Adán y Eva,
y remedar el trino de los pájaros
y bregar con las lluvias y el espino 
y en un horno de leña hacer el pan
y al amor de la lumbre leer a Homero
mientras la hierba crece por la noche;
gozar a mi mujer en una cama
de un roble tan robusto como un toro
para engendrar princesas de altas piernas
y príncipes de noble corazón
que sepan dominar a los halcones.

Y prefiero tamibén los de la parte final. Copio un soneto, de los que el libro está bien abastecido ("Aunque es de noche"):

Cuando me niegas lo que pido a gritos,
lo que sabes que siempre he deseado,
me entregas abundante e inesperado
regalos que no sé que necesito.

Me asombras como el mar; y lo bonito
es que no sé quién eres. Te he buscado
donde dicen que estás y no he encontrado
más que esta sed rebiosa de infinito.

Tan solo te he encontrado aquí en lo oscuro
combatiendo con ángeles mis miedos
cuando tengo que entrar en la maleza.

No puedo verte. Pero estoy seguro
de Ti, aunque es de noche, porque puedo
reclinar en tu pecho la cabeza.


En fin, Lucilio, me despido por ahora con esta recomendación de lectura. Espero tus noticias con estas primeras vacaciones y te enviaré las mías.

No hay comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.