martes, 8 de abril de 2014

Clase de tarde


Querido Lucilio:

La entrada de la primavera se nota cada vez más. Las clases de última hora, que acabo casi a las nueve, terminaban con un grupo de estudiantes que salían en estampida como con un cierto desconsuelo, encongidos por el frio y sin dejar de abrigarse ante la noche o a veces la lluvia. Ahora ya, sin embargo, el buen tiempo parece relajarlos. ¿Es que ya no tienen prisa? Al menos no se les ve encogidos y protegiéndose, sino que charlan tranquilamente mientras se van apartando de la Facultad.

A la clase de hoy (que será la última de mi asignatura para ellos antes de las vacaciones de Semana Santa) ha asistido un grupo más reducido que otras veces. Entre estos alumnos (milagros de Erasmus y similares) hay una estudiante francesa y dos rusas). He decidido no avanzar en la explicación de la gramática, que siempre tiene algo de árido, y he preferido hacer un repaso de las cuestiones más difíciles tratadas hasta ahora. El grupito lo ha recibido muy bien. A los que no habían entendido esos puntos les ha venido que ni pintado, pero incluso los que ya los sabían parecían alegrarse del adelanto de sus compañeros. 

El ser pocos, la serenidad de esta tardía hora de primavera, todo contribuía a explicar las cosas lentamente, con seguridad de cada paso, con la profundidad necesaria. El tiempo parecía haberse parado. No es la primera vez que disfruto con esto: en las caras de unos y de otros surgía un quid de alegría al haber comprendido ("¡ah, esto era así, en el fondo tan simple!", parecían pensar), el disfrute de aprender, el agradecimiento (hay bienes que aunque se entreguen porque es un trabajo con un sueldo y unas tasas, son realmente "impagables").

Déjame que te defienda los grupos pequeños. Ya sé que en tu clase fuisteis muchos. Y cuando des tus clases en la enseñanza secundaria recibirás a grupos numerosísimos. Te añado que tengo muchos amigos y amigas muy queridos que dan sus clases en esa etapa en clases abarrotadísimas (aún más a partir de la crisis económica) y ciertamente los admiro especialmente. Pero cuando pase la crisis, o si hay recursos suficientes, es bueno para un país mimar determinadas enseñanzas con grupos pequeños. Me refiero en particular a la enseñanza de las lenguas. La "adquisición" de un idioma es un proceso especial dentro de la enseñanza. No es lo mismo que conocer un cuerpo de leyes o entender un sistema filosófico o una época histórica. Lo mismo que la práctica de las ciencias experimentales requiere espacios y tiempos peculiares, los de las lenguas tiene también su peculiaridad.

No te diré más hoy sobre este aspecto tan docente. Me ha llevado a escribirte sobre todo el ambiente de esta clase última de la tarde en este tiempo. Espero que tú disfrutes también de placeres semejantes. Cuando yo estudiaba los tenía. Y la verdad es que agradezco no haberlos perdido.

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