miércoles, 12 de febrero de 2014

La gran belleza


Querido Lucilio:

Desde luego que me ha gustado ver la famosa película de Sorrentino, La gran belleza, sobre todo por Roma. Pocas ciudades podían ser escenarios tan buenos para el "filmE, porque la Urbe es ciudad hermosísima y (gracias a su historia imperial y a los avatares del tiempo) pocas como ella pueden mostrar también la caducidad de lo bello y su vacuidad.

Muchas películas, por otro lado, han intentado recrear aquella Roma veleidosa de algunos de los césares que Tácito nos retrata. Pero esta, sin ser una película de romanos en absoluto, consigue sin intentarlo recrear en nuestros días un mucho de aquella Roma donde brillaba Petronio como arbiter elegantiarum (aquí el "rey de la mundanidad" Jep Gambardella que desde su lujoso ático sobre el Colosseo ve pasar con mirada desengañada las grandes bellezas que el Tíber voltea).

De esto va la película, de la vacuidad de lo bello y de su caducidad. Los pudientes personajes que rodean a Gambardella buscan la gran belleza entre ruinas y museos; la añoran en el recuerdo del primer amor juvenil y otras reminiscencias igual de perdidas; pero, al comprender esa pérdida irremediable, se desesperan en lujos y fiestas sin fin. Desencanto, cansancio, una curiosa mezcla de amargura e indiferencia, son los sentimientos que transmite la obra. Como me hace ver Paulina (y es algo en lo que no se ha insistido quizás en las críticas al film), hay muchas escenas intencionadamente grotescas. En parte es todo un gran sarcasmo que muchas veces lleva a reír (por no llorar). Casi solo se salva de este corte el personaje de la criada sudamericana de Gambardella.

¿Qué hace a algo bello? ¿Tiene que ver de alguna manera con la idea de bueno, como indica la tradición platónica?¿Qué es ese algo que puede hacer de lo bello pura vacuidad? ¿Por qué se puede encontrar en la belleza, aun contando con su condicion caduca, felicidad, pero también desencanto?

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