lunes, 24 de febrero de 2014

Hora y media con Mario


Querido Lucilio:

Un ataúd en el centro del escenario. Junto a él una mesilla con el termo de café, agua y vasos. Varias sillas alrededor, una de ellas con posabrazos. Me preguntaba cómo sería la adaptación de Cinco horas con Mario dirigida por Josefina Molina para el teatro. Es una prueba no fácil. Tan largo monólogo y un único personaje. La actuación ante un cadaver. La actriz, Natalia Millán, lo hizo muy bien. Había que llenar el escenario y lo consiguió: el juego con la ropa, el chal, los zapatos; el cambio de las sillas, el paseo hacia la mesa, en torno al ataúd. Y junto a eso el cambio de luces. Y sobre todo la interpretación. Un texto largo y difícil, una personalidad compleja, la de Carmen Sotillos.

A mi alrededor, junto con Paulina, varios profesores con sus alumnos. La literatura más cercana a la vida, casi viva. Teatro.

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