martes, 18 de febrero de 2014

Asunto de palabras


Querido Lucilio:

El día de la consulta médica anduve desasosegado a pesar de que todo fue bien. No obstante, hubo algo -una ridiculez, dirás tú- que al final del día trajo un tanto de alivio al espíritu. Mira, los asuntos de las palabras llegan a distraerme tanto que pueden aligerar otras preocupaciones. De hecho, lo recuerdo ya de muy joven. En una ocasión, por ejemplo, pregunté a uno de mis mayores por qué nos obligaban a escribir emes delante de las bes y las pes, en vez de las enes que se escribían en los demás casos. La respuesta fue bien sencilla: ¡de alguna manera había que distinguir a las personas cultas de las que no lo son! Luego, lógicamente, con el tiempo y el estudio comprendí la razón fónica de esa alteración gráfica, una aproximación de la ene a la forma de pronunciarse la be. ¡Qué disfrute entender los procesos de la lengua!

Pues algo así ha sido lo del día que te cuento. Por la mañana, mientras tomaba el habitual café académico, hablamos no poco sobre la alteración del artículo femenino ante los sustantivos con vocal "a" tónica inicial, y de la no alteración de otros determinantes ("aprobamos el acta, pero esa acta no refleja la realidad del problema"). Erróneamente yo pensaba que el motivo de esta norma de la Academia era de origen fonético. Y solo uno de mis compañeros de café dijo que no era cuestión fonética o de simple convención, sino que había una razón histórica, aunque no supo decir cuál.

Pues fíjate, Lucilio, charlando por la tarde con Paulina, ella me dio la comprensión cabal: los determinantes latinos ille e illa dieron lugar a los artículos determinados por aféresis y apócope de las vocales inicial y final respectivamente; pero, ante vocal inicial tónica el femenino illa perdió la vocal final y su evolución fue igual a la de ille.

¿Querrás creer, Lucilio, lo que ha afectado esto a mi mente? Tú sabrás entender este placer por las palabras. Espero que sepas cultivarlo, porque lo he encontrado en personas de todo tipo. Y creo que en parte está en la raíz de nuestra cultura de occidente.

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