jueves, 23 de enero de 2014

Aula de mayores


Querido Lucilio:

Hoy ha sido tarde del Aula de Mayores. Desde hace unos años vengo oyendo hablar de la conveniencia o no de esta docencia. Algunos razonan desde el punto de vista más material, diciendo que las universidades buscan alumnos (entiéndase ingresos) y esta es una forma de conseguirlos; otros explican que modernamente la educación se entiende como algo para toda la vida; otros que la universidad no puede volcarse en dar títulos y formar profesionales (está también el saber sin más).

Como ves, Lucilio, cada uno tiene sus razones y todos ellos parte de razón. Finalmente todos nos ponemos manos a la obra y acudimos a enseñar nuestras disciplinas a las aulas de mayores. Este tipo de enseñanza no especializada obliga a repensar los contenidos, valorar la repercusión de cada aspecto: permite una nueva mirada sobre lo ya conocido. Esta tarde, como siempre que he acudido a esta aula de mayores, compruebo de nuevo cómo los grandes autores de nuestra literatura no pueden dejar de mover a los hombres y mujeres de nuestros días.

Pero lo mejor de estas aulas son los llamados "mayores"..., nuestros mayores. Ningún público más exquisito. Cuando llego hoy están dentro de la clase y los más cercanos me saludan. Ningún público más silencioso, más atento, más interesado, más deseoso de saber por saber, preguntando en su momento, respetando siempre. Qué alegría la del descubrimiento: ¡y cómo no supimos antes esto! ¡y cuánto más podremos saber! ¡y dónde se puede leer más!

Cuando termino me voy a la mesa a recoger el tinglado. Conforme se marchan, algunos se acercan a la mesa para despedirse y dar las gracias. 

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