domingo, 12 de enero de 2014

A propósito de Llewyn Davis


Querido Lucilio:

Con frecuencia hemos oído rechazar una película por ser "triste". Yo sin embargo creo que las obras de arte enriquecen siempre el espíritu, a veces más que narraciones alegres y bienintencionadas pero de escaso valor. Este es el caso, el de la obra de arte, de lo último de los Coen, A propósito de Llewyn Davis. El cine es un arte y sus resortes son múltiples. Todos están bien tratados en el film. El guión, que suele sustentarlo todo, tiene la inteligencia que ya conocemos en los Coen. La fotografía (Bruno Delbonnel) es siempre apropiada: elegante, ilusionante, abatida, lujosa, mísera. La música (Burnet) acompaña igualmente, apoyándose en Hang me y en If we'd have wings. El montaje resulta también excelente, con secuencias perfectas. Todo contribuye a transmitir ese cansancio circular del que no puede salir el protagonista y que llega a subyugarnos.

Como en otras cintas de los Coen, se mezclan tonos muy variados: líricos, dramáticos, cómicos (difícil en este trabajo), humanos siempre. La historia y el personaje central son ficticios pero están apoyados en la historia de un músico real, Dave Van Ronk, autor de Hang me, la canción que interpreta el protagonista al principio y final de la narración.

Se alaba mucho la interpretación del protagonista, Oscar Isaac. Pero la verdad es que en esto veo un algo que no me gustó. Parece un personaje demasiado resignado a su suerte, y por eso poco real. Se echa en falta un poco de reacción ante su propia miseria. En fin, la película gusta y avasalla, el retrato es magnífico y enseña, como siempre enseña el arte.

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