domingo, 17 de noviembre de 2013

Una cuestión de tiempo: How long will I love you...







Querido Lucilio:

Con este envío te llegarán mis últimas noticias. El amable sol de noviembre y un cielo apacible nos acompañan en estos días. Van llegando las bajas temperaturas, con esa mayor intimidad en todas las cosas. Paulina y yo hemos ido al cine para ver una comedia británica, "Una cuestión de tiempo".

Me cuesta trabajo, Lucilio, pensar que desaparezcan las tradicionales salas de cine. Veo un algo irremplazable en ellas. Porque se puede plantear de muchas maneras, pero el cine es eminentemente ámbito artístico. Y a ese ámbito le favorece muchas veces de manera especial el entorno y el protocolo de las salas comerciales. Para determinados trabajos no da igual verlos en casa o en el cine. Algunos requieren el público. Y el público lo disfruta, y a veces se siente unido, reconciliado quizás.

Estas reflexiones me han surgido al ver esta película. El director y autor del guión es el británico Richard Curtis, que ya dirigió aquella comedia "Notting Hill". Está rodada en el Reino Unido y uno de los alicientes son los paisajes y el ambiente insular tan característicos, con sus chicos de pelo zanahoria y sus casas enmoquetadas.

El argumento no es nada original: la posibilidad de saltar hacia atrás en el tiempo. En este caso son sólo los varones de una familia los que pueden hacerlo, y con algunos límites (sólo pueden viajar por su propia vida y no pueden cambiar las cosas después de nacer un niño). El caso es que nos hemos reído gratamente durante la película y no hemos tenido la sensación cansina de lo repetitivo. 

Quizás porque es una comedia inteligentemente escrita. Consigue la mezcla de diversión y de reflexión. La diversión está favorecida por los diálogos y algunos personajes secundarios que hacen contrapunto. Y la reflexión es la que va cambiando al protagonista. Cuando descubre que puede vivir de nuevo, comienza aprovechándolo egoístamente. Pero luego va aprendiendo, gracias a la experiencia y a los consejos de su padre, que para buscar la felicidad debe vivir de otra forma, y que a veces compensa dejar las cosas como se vivieron. Descubrimos en la película a un padre que, cuando sabe de su cáncer, prefiere volver atrás y jubilarse antes para disfrutar de su familia. O comprendemos el valor personal de cada hijo, o el de la chica ideal.

Como guionista Curtis ha sabido fraguar algunos momentos especiales. Ellos se conocen en realidad a oscuras y eso carga de intensidad el primer encuentro. Es emotiva la salida de la boda, con el consuetudinario chaparrón británico deshaciéndolo todo en el fondo solo de la canción ("Il mondo" de Jimmy Fontana). La música es otro acierto: piensa en "How long will I love you".

Finalmente el protagonista deja casi de viajar en el tiempo porque ha aprendido a vivir en el presente. Es la grata sensación con la que el público se dispersa tras la película... (a la vez que con envidia, me da la impresión, de alguien que puede arreglar los errores pasados!).

No hay comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.