viernes, 17 de mayo de 2013

Corrección de exámenes

Querido Lucilio:

Llegan los exámenes finales, con su parafernalia de mayo y junio, del regreso y triunfo de Perséfone. Algunos Rayos y truenos de Enrique García-Máiquez, me han hecho caer en la cuenta de una chreia, una anécdota interesante.

Dice Enrique que ellos suelen ser desgarbados y ellas las más finas. En este caso es así. Ella parece mayor, aunque no lo es; es más reflexiva y guarda su sensibilidad en un silencio lleno de interés. Es un primor presentándose, a pesar de no ser nada lujosa. Él es inteligente hasta decir basta, más rápido que una anguila. Ahora bien, no hay quien lo saque del desgarbamiento.

Últimamente se sientan siempre juntos. No sé más de ellos, pero había intuido algo de simpatía.

Les puse a todos, como en todos las asignaturas, un examen prueba. Él vino a quedar en un notable. Coincidí con él a la salida y le dije con toda consciencia que era una vergüenza, que él podía sacar más nota sólo con que lo intentara. Me atreví aquí, lo siento, a añadir

-¡Quizás es por la nueva amiga!

Se sorprendió unos instantes, pero se recompunso serio y me devolvió:

- No. La amiga es la ayuda.

Entonces fui yo el sorprendido. Intenté recomponerme tragando un poco de saliva, cuadré un tanto las palabras, me cargué de algo de coraje, y terminé mientras me marchaba:

- Entonces no le puedes escamotear el sobresaliente.

Aunque entiendo poco de pedagogía, tengo para mí que son ellas las que los hacen madurar a ellos.

Están los exámenes sobre la mesa. Nunca me ha costado tanto corregir unos exámenes. Y es que hablar en serio con los alumnos tiene sus responsabilidades. ¿Te acuerdas, verdad, Lucilio?

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