miércoles, 3 de abril de 2013

El diario de la felicidad



Querido Lucilio:

A los Rayos y truenos de mi buen amigo Enrique García-Máiquez debo algunos de los mejores ratos que he pasado en esta Semana Santa. No sólo me refiero al nombre de su blog, sino también a los rayos y truenos, a esa fructífera tormenta de ideas que sin duda su Genio tutelar azuza en su cabeza con tan buenos resultados: a saber, entre otros, los buenos consejos.

Cuando Enrique y yo nos expusimos nuestros planes para la semana pasada, él no dudó en recomendarme que llevase conmigo El diario de la felicidad, de Nicolae Steinhardt. Yo llevaba un tiempo viendo las preferencias de Enrique por Cioran y quizás otros rumanos. Llevamos unos años en los que todo lo europeo oriental tiene mucho impacto en Occidente. Es el fruto de la apertura a la libertad de los países de la antigua órbita soviética. Aquellos intelectuales vivieron sus experiencias de manera más intensa, y sus obras, mal conocidas aquí o no conocidas en nigún sitio, cobran ahora un mayor valor. Algo así está ya empezando a pasar con lo oriental asiático (principalmente chino). Las escuelas de idiomas están ya dando con fruto cursos de japonés, y llevan años dándolos de ruso.

El caso es que el libro no tiene una buena cubierta, y a mí al principio me extrañó. Es una foto de Nicolae Steinhardt, riéndose a la vez que se tapa la boca, entre otros amigos. Quizás haya algún retoque en la foto para incluir a alguien. En cualquier caso, las diferencias de tono hacen más curiosa la apariencia. Pero la historia de las risas es que Nicolae y los demás se ríen de un chiste que acaban de contar, y Nicolae (que entonces era ya monje ortodoxo) bromea sobre su condición ("habéis hecho reír incluso a un monje como yo").

Nicolae Steinhardt fue un intelectual muy bien formado, hijo de un oficial del ejército austro-húngaro. Viajó por diversas capitales europeas y regresó a Bucarest. Tras la Segunda Gran Guerra fue detenido por sus ideas e internado en un campo de concentración. El Diario nos cuenta la vida allí, y resulta a la vez espeluznante y emotivo: en cualquier caso aleccionador. Aquel lugar tan vomitivo llevó a Steinhardt a profundizar en sí mismo y en la condición humana. Era de origen judío y no practicaba ningún credo. Allí pidió ser bautizado en la Iglesia cristiana ortodoxa, y lo fue por un sacerdote ortodoxo a pesar de tantas dificultades y con el agua maloliente de que disponían. Asistieron dos sacerdotes greco-católicos como manifestación de todos del deseo ecuménico que les guiaba.

En 1964 hubo una amplia amnistía para presos como Steinhardt. Al regresar a la libertad, Nicolae pidió ingresar en un monasterio fuera de Bucarest, y mantuvo abierto su despacho en la capital para frecuentar en lo posible los círculos intelectuales.

El Diario es, paradójicamente, su libro más vendido (la publicación más vendida, de hecho, a día de hoy en Rumanía). Digo paradójicamente porque el manuscrito fue requisado varias veces, perdido o destruido. Steinhardt salió de las manos de la temida Securitate sin su manuscrito. Es después, consciente del valor de todo lo vivido y reflexionado, cuando el escritor rehace toda la historia dándole una estructura pseudo-diarística, con saltos cronológicos y amplias reflexiones.

Esta es, quizás, la principal dificultad que tiene el libro para el lector: es un diario muy peculiar y reflexivo. Pero, por otra parte, quizás sea también uno de sus principales atractivos, porque es una muestra aún caliente de cómo la falta de libertad pudo arrasar lo humano, y cómo en esa palestra lo humano pudo dar lo mejor de sí.

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