sábado, 9 de marzo de 2013

Arte e imperfección: Casablanca



Querido maestro:

Por fin hemos visto aquí la antigua película de Casablanca. Las bromas entre alemanes y franceses, y sobre la forma de ser americana, han despertado no pocas risas y comentarios. Pero todo el mundo se centra rápido en el gran drama que presenta el argumento. Pienso que lo que hace grande a esta película son las interpretaciones de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman (sobre todo de esta segunda) y el magnífico guión. La música de Max Steiner hace mucho, pero más aún se debe a la fotografía de Arthur Edeson, que nos aporta esos primeros planos de Bergman, ese brillo, esas sombras.

Es verdad que tiene un algo raro, parece como si hubiera sido montada precipitadamente, como si la improvisación se hubiera colado en las horas de grabación. Es famoso el desconcierto de Bergman sobre cómo tenía que actuar, porque el final de la historia no estuvo cerrado hasta muy poco antes. La grabación en estudio, los escasos decorados, contribuyen a la fuerza emotiva del desenlace. Rick el bribón, el que fue idealista, tiene los pasaportes. Ella está partida en dos y rendida. Es Rick el que piensa por ambos y la sube al avión con su marido, Víctor Laszlow, un jefe de la resistencia.

Es verdad lo que Vd. nos ha dicho a veces en clase. Hay obras de arte que son geniales. Brilla tanto el genio, que no importan demasiado algunas equivocaciones, incluso brillan más así. ¿A quién le importa, por ejemplo, que el rucio de Sancho sea robado y aparezca luego sin explicación? ¿Qué quita o pone al arte del Quijote algo así? ¿Qué poder de evocación no tienen los versos de los grandes líricos griegos precisamente por conservarse en fragmentos?

A mí me resulta chocante que discutieran tanto sobre el final. Sólo el final que se aceptó era suficientemente bueno. Rick lo dice a su querida Ilsa (ahora sabe que ella no le engañó en París): lo mejor para ella era irse e irse con su marido. Esta es la fuerza trágica del desenlace: que no podía ser de otra forma mejor. Este amargor entreverado es la catarsis lo que hace propiamente a un drama trágico. 

Por cierto que se dice que estos papeles cuadran muy bien a Humphrey Bogart. Pero a mí por lo menos su verdadera voz, con un deje nasal excesivo, no me gusta.

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