sábado, 26 de enero de 2013

El tiempo pasado

Querido Lucilio:

Salí de mañana cuando ya el sol despejaba el horizonte, aunque algunas nubes no dejaron de acompañarme por el camino. Hacía años que no visitaba a Luis Miguel y a Inmaculada. Mientras entraba en la ciudad pensaba en cómo encontraría la casa. No llevaba, como sabes, ninguna ayuda tecnológica. Me fui dejando llevar por la intución: aquí debió de ser aquello. Es curioso lo que me ocurre con estas cosas. ¿No te has fijado cómo queda en el paladar el último sabor de un vino? La situación de una calle con otra, el anuncio torcido de una esquina, el color de una tapia, habían quedado en mí y me orientaron.

No te puedes imaginar lo grande que está ya Inmaculada, la hija de ambos, que conocimos de pequeña. Casi solo la he conocido por la mirada, la misma de entonces, detrás de unas gafas de intelectual, pero divertida.

Ya sabes que Luis Miguel y yo estudiamos juntos, en las mismas bancas de madera, con los mismos profesores en muchos casos. Es dulce recordar tiempos pasados.

Antes de comer estuvimos tomando el sol suave de este mes, mientras Luis Miguel y yo nos contábamos qué nos había deparado la vida últimamente, y qué sabíamos de cada compañero.

Al volver, el sol me acompañó en su descenso durante el camino. Yo pensaba en la familia amiga. No pasará mucho tiempo e Inmaculada estudiará en unas bancas parecidas. Tendrá compañeras y compañeros como Luis Miguel y yo tuvimos. Acabará sus estudios. Quizás algún día conduzca por esta carretera mientras recuerda con una amiga los tiempos pasados.

No me despido, Lucilio, sin mi consejo: las relaciones en el grupo, no dejes de cuidarlas.

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