martes, 19 de junio de 2012

El diente negro

Querido Lucilio: La envidia debe de ser el peor de los pecados. La caridad es lo principal. Pero la envidia es la forma más grotesca, y a veces la más cruel, de atacarla. El que envidia no busca en realidad nada que tenga apariencia, o alguna razón, de bien. Es un odio con algo de reflejo, con un motivo no esperado. No sé muy bien cómo debes actuar ante el envidioso. Está claro que nuestro comportamiento no debe verse condicionado. Pero también que debes protegerte y ser cauteloso. La envidia más destructiva es la de los propios allegados. Por inesperada, por desproporcionada, porque niega el aprecio real que parecía haber. Sufre el envidioso, pero también en este caso el envidiado, porque siente un fraude en sus sentimientos. Una indiferencia heladora se abre entre ambas partes. Líbrate como puedas de ese reptil viscoso. No puedo decirte otra cosa.

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