viernes, 22 de junio de 2012

Empiezo a reflexionar sobre la metodología docente



















Querido maestro:

Al dictar esta carta comenzaba a atardecer nuestro trigésimo día en Roma. Y las clases que nos han encargado aquí empiezan a dar sus frutos. Son clases de lengua latina para alumnos que iniciarán pronto sus estudios en diversas lenguas y literaturas modernas. Se trata de que puedan acceder en el futuro (a través de la lengua antigua, aunque de forma básica) al patrimonio cultural del mundo clásico. Y ocurre que había hasta ahora una cierta costumbre de usar con ellos algunos métodos activos. Así es que nosotros nos hemos esforzado en aplicarlos también.

Los resultados hasta ahora son alentadores. Parece como si los alumnos aprendieran con más placer y, por tanto, con más seguridad. El uso de aquella lengua como sistema vivo de comunicación potencia su conocimiento teórico, y da además un acceso más vital al mundo clásico y su literatura.

Yo estaba convencido de que la enseñanza de las lenguas clásicas conformaba interiormente la inteligencia: lo esperado de la abstracción de tantos conceptos gramaticales. Pero no: cualquier lengua forma la inteligencia; y hay muchas disciplinas no gramaticales que favorecen el raciocinio de igual manera.

Se tiende a pensar además que las metodologías activas son lo último en este campo tan clásico. Sin embargo, fueron usadas desde muy pronto. Fue recientemente cuando se estableció aquella idea de la gramática forjadora de la mente y casi del carácter.

Desde luego, es pronto para hacer valoraciones genéricas, y no todo son ventajas. Lo aprendido se asienta más, pero quizás requiere un tiempo relativamente largo de práctica continuada. Y, al menos para algunos de los alumnos, resulta más costoso que un método pasivo. Cada cual está orientado hacia un tipo de actividades. Es posible que debamos usar métodos varios de manera oportuna.

Lo que más me ha llamado la atención ha sido cómo ha impactado esto en nuestro propio grupo. Por lo que respecta a los textos latinos de época moderna, parece que cobran un relieve especial; que se detecta más cuándo son frescos y cuándo piezas de cartón. Y esto repercute también en el entendimiento de los textos vernaculares. Incluso los que entre nosotros se entregan subrepticiamente a la composición dicen sentirse estimulados.

Ahora que está tan próximo su viaje hacia acá, cada día lo esperamos con más interés.

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